11 abril 2010

que viva el atontecimiento

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Ponerse dos trapos encima, una peluca barata y agarrar lo primero que aparezca con la esperanza de convertirlo en un prop, tú sabes, cosa de tener algo en la mano con lo que payasear a falta de contenido. Ante la falta de trabajo y creatividad la solución históricamente provada ha sido la improvisaera, el ventetú y la monifatería aunque no necesariamente en ese orden y olvídate tú que eso funciona. Un poco de copiete, de calco barato y cuatro chistes pendejos de internet, la misma mierda de Pepito pero con otro nombre, Raulito, Joselito or something in the "ito" family.

Con suerte una voz pendeja, un estereotipo cualquiera aunque preferiblemente una vieja chismosa, un borracho o un maricón de pacotilla. Nadie sabe qué carajo se supone que sea el personaje, ni siquiera el que está disfrazao, pero no importa, lo que importa es llenar tiempo de televisión y después hacer quince shows masivos que se llenarán de gente dispuesta a pagar de cuarenta pesos pa' arriba por un refrito, "arroz y habichuelas, pollo frito, arroz y habichuelas, bisté encebollao"...arroz y habichuelas y un poco 'e mierda.

Si no es de aquí mucho mejor porque la prensa se pone como las hormigas cuando le tapan el roto. Centenaria costumbre la de recibir al de afuera con los brazos abiertos y genuflexos. "Aquí que nadie haga un carajo que lo de nosotros es comprarlo hecho o comernos lo que nos pongan en el plato, como los perros." Y las cámaras llegan a la suite con vista al mar, el sequito listo pa' mamar y las luces prendías pa' grabar lo que sea, lo que salga y como quede, la cosa es prometer risas a granel y la gente se come el cuento; especialmente después de dejar sesenta toletes en la puerta se ríe cualquiera y de lo que sea. First joke is on you!

A eso limitan el espectáculo y la comedia en la colonia.
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