06 febrero 2011

migraña




"Tengo un dolor bien fuerte de cabeza, creo que es migraña." Si alguna vez ha pensado esto permítame decirle que no sabe de lo que está hablando. Las veces que me ha dado el dolor de cabeza común del que habla la mayoría de la gente, ha sido por culpa de una piedra voladora que aterriza sobre mi craneo, o cuando la velocidad y la falta de cinturón de seguridad acercan más de la cuenta mi cara al cristal delantero de un carro.

Pero la migraña no es un dolor de cabeza fuerte, es un dolor súper hijueputa en el cerebro que sólo puede experimentar alguien que cumple con los siguientes requisitos: tener cerebro y saber usarlo. Sí, saber usarlo, porque el que no tiene idea de para qué se usa nunca será capaz de decir con claridad qué es lo que le duele; se limitará a dar la explicación sencilla de que le duele la cabeza, la única parte de su cuerpo que el espejo o una imagen de la cartilla fonética le permite identificar.

En un cuarto tirado en la cama. La luz molesta, el ruido molesta, vómitos, mocos, tos, escalofríos, llanto, gritos, puños al matre, maldiciones a granel y una conversación en conference call con la muerte y mi cerebro que nunca puedo enganchar: "Bueno y qué tal morirte ahora? Por lo menos estás cómodo." "Ahora no, mejor espera a que me duerma por lo más que quieras!" "Cómo es eso de que un dolor de espalda está cabrón? Quién es el que manda aquí puñeta!?" "Tú, tú eres el que manda pero déjame tranquilo ya por favor!" "Come on, say my name or I'll keep making you cry like a bitch!"

Los síntomas son variados y cada vez en diferentes combinaciones y niveles y así de diversos son los remedios: dos o tres pastillas, medio vaso de agua, una taza de café negro, una Coca-Cola fría, un porro, un baño con agua caliente, una bolsa de hielo encima del ojo izquierdo, amarrarme una camisa bien apretá como si fuera la bandana de Rambo, otro porro y la esperanza de dormir profundamente.

Que si el chocolate, el vino, el queso, algunos condimentos, la cerveza, no comer en todo el día, más de veinticuatro horas sin dormir, más de doce horas frente a una computadora o simplemente gente hablando mierda y estupideces a mi alrededor por más tiempo del que puedo soportar. Cuál es la causa específica? Todavía no lo sé, igual que tampoco sé cuando será la próxima. Lo que sí sé es que la anterior fue hace dos días, que duele inexplicablemente y que la anestesia para oso es lo próximo que estoy dispuesto a tratar tan pronto suene el teléfono dentro de mi cabeza.



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